Palabras preliminares

Tiempo estimado de lectura: 14 minutos

Por Teresa Forcades Vila

Vi el primer vídeo-denuncia de la revista cafèambllet poco tiempo después de que lo colgaran en la red. Lo vi por casualidad y quedé impresionada por el interés de los datos que proporcionaban, por la seriedad de su investigación y por la valentía y la pedagogía de la presentación. En septiembre de 2012, cuando supe que los responsables de cafèambllet habían sido demandados, me ofrecí a participar conjuntamente con ellos en un acto en Reus. La breve conversación que tuvimos antes del acto me confirmó que Marta Sibina y Albano Dante son dos personas entrañables y honestas. Los subsiguientes encuentros que he tenido con ellos no han hecho sino confirmar esta primera impresión, y me han hecho descubrir y apreciar la poesía apasionada de Albano y el no menos apasionado pragmatismo de Marta.

Los datos que encontrarás en este libro demuestran un grado de corrupción en el sistema sanitario catalán que seguramente superará tus expectativas. En este caso se puede aplicar el dicho de que la excepción confirma la regla: no se trata solamente de identificar a las personas corruptas y de pedirles responsabilidades, sino de poner en evidencia un sistema que es, en él mismo, corrupto, porque no es transparente y no permite el control democrático del gasto público. El verdadero problema de la gestión sanitaria en Cataluña no es que «es demasiado pública», sino que lo es demasiado poco. La solución no es privatizar todavía más la gestión sanitaria, sino hacer que el sistema público haga honor a su nombre y lo sea de verdad, no solo en cuanto al acceso universal y a la financiación en base a los presupuestos del Estado —que es la situación que hemos tenido desde la reforma sanitaria promovida por el ministro Ernest te: se trata de evitar que los servicios que se pueden gestionar directamente se encarguen a empresas intermediarias con ánimo de lucro, que resultan ser de la propiedad de amigos y conocidos de quienes tienen la responsabilidad política de gestionar el dinero público. Estos servicios que se pueden gestionar directamente y que se encargan a empresas privadas con ánimo de lucro van desde el servicio de cocina y comedor de los hospitales, al servicio de diagnóstico por la imagen y al servicio de ambulancias. Es muy diferente que el motivo, que hace que hoy en día los enfermos en Cataluña sean trasladados en «transportes sanitarios colectivos» que pueden tardar más de una hora para hacer el mismo trayecto que antes un taxi hacía en diez minutos, sea ahorrar dinero al sistema público de salud y conseguir que todo el mundo pueda ser atendido en los casos graves, que hacer lo mismo con el objetivo de aumentar las ganancias económicas de unos accionistas privados.

¿Qué modelo de sanidad y qué modelo de país queremos? Esta es la pregunta subyacente en la lectura del libro que tienes en las manos. El ejemplo de Alba-no y Marta demuestra que la respuesta no nos vendrá desde arriba.

 

Por Àngels Martínez Castells

El texto que tenéis en las manos es una pequeña joya y un pequeño milagro. No solo porque representa una oportunidad muy especial de conocer mejor a Marta Sibina y Albano Dante Fachin, editores de cafèambllet, sino porque nos da la posibilidad de seguir con todo detalle una lucha muy desigual y tomar partido con lucidez por estos dos pequeños davids de un periodismo de proximidad, tan tenaz, como sano y necesario, frente los goliats de la prepotencia. Este libro es la clave para sumarnos —desde la indignación compartida y la complicidad comprometida— a su dignidad y valentía. Y, sobre todo, incorporarnos, con la fuerza que gana un puño que se cierra, a la voluntad de mucha gente de Cataluña —y más allá— de defender a la gente honesta y el periodismo al servicio de la ciudadanía y la sanidad pública.

Es un texto que no se agota en sus páginas, porque invita —al estilo de Albano y Marta— a actuar y dejar huella en el mundo de aquella manera que no soportan los aprovechados de la política que, hundidos en su mediocridad, quieren ganar algunos centímetros de altura, no por méritos propios, sino subiéndose sobre las espaldas de la gente; los que están condenados a mantener en la opacidad su comportamiento y su gestión, y a quienes conviene una sociedad estancada, poco participativa y con claras insuficiencias democráticas, porque solo así pueden seguir prosperando en el mal gobierno de los mediocres… Nuestra ignorancia de sus entuertos es su garantía para que les sigan llegando, cada cuatro años, nuestros votos: por eso no solo no responden de su conducta ante la sociedad, sino que ni siquiera contestan a las preguntas de los periodistas que hacen su trabajo (y así empieza la broma de Albano y Marta), y cuando se informa de sus martingalas se hacen los indignados e intentan matar al mensajero. En el caso de cafèambllet parecía demasiado fácil hacerlo, pero no ahorran metralla: les retiran publicidad para privarlos de medios de supervivencia, de poder dar lecciones sobre el verdadero sentido de la palabra.

Pero, ¿por qué tanto encarnizamiento contra una pequeña revista mensual como cafèambllet? ¿Hacía falta realmente hacer el triste espectáculo de intentar matar al que podía parecer un mosquito a cañonazos? Seguramente cuesta entenderlo si no se levanta la mirada para descubrir toda la trama de un proyecto contra la sanidad pública, que Albano y Marta empiezan a descubrir y a extender gracias a sus publicaciones «virales» que llegan a muchísima gente, mucha más de la que querrían. Y todo esto pasa cuando el sistema mixto público-privado de la sanidad en Cataluña está en un equilibrio inestable que puede decantar de manera decisiva el proyecto de Boi Ruiz de descuartizamiento del Instituto Catalán de la Salud, llevando al límite que la sanidad privada parasite a la pública y se quede con los servicios más rentables. La excusa: que el sector privado administra mejor. La realidad: encarecimiento de los servicios y expulsión de las personas enfermas con rentas más bajas, y peor atención para la mayoría de personas. Pero lo que es fundamental para que este proceso pueda seguir haciendo su tarea de topo es que pase inadvertido: que tanta y tanta gente afectada por la pérdida de lo que es de todas y todos no se entere hasta que ya sea demasiado tarde. Y que finalmente se trague —nos traguemos— las excusas que crean la desigualdad, aliñadas por la retórica de una eficiencia que siempre excluye las clases subalternas. Se trata de que no se discuta el mensaje publicitario de «nuestra» televisión, que lo que realmente funciona es un servicio privado de asistencia sanitaria (gente con poco recursos, abstenerse)… Por eso Albano y Marta, que reaccionan al anuncio, no pueden convencer de su buena fe cuando intentan convencer a un gestor de hospital de comarcas que vale la pena prestigiar la sanidad pública. Habían confundido el lobo por el pastor… y empieza su lucha.

Ahora lo sabemos, pero, de manera similar a cómo se guardan los secretos donde dominan las mafias de todo tipo, no se podía decir. La corrupción estaba allí, a la vista de mucha gente. Marta y Albano han contribuido, de manera decisiva, a desenmascararlo. El hecho es que NO se podía permitir que se hablara abiertamente en las redes sociales de la aristocracia sanitaria de Cataluña.

Cuando Albano y Marta hacen el famoso vídeo que llega a centenares de miles de personas en el que explican solo una pequeña parte de la gran estafa, del gran robo de la sanidad en Cataluña, rompen la norma no escrita de la omertà. La verdad ofende a los que ofenden gravemente los derechos de la población. Y es un asesor directo del presidente Mas, posteriormente recompensado con un cargo que es todo un sarcasmo, quien presenta una demanda en los tribunales para acallarlos, para retirar los vídeos y para que se los obligue a retractarse.

En manos del mal gobierno nos jugamos la salud: son los recortes de salarios y la precariedad laboral de los trabajadores de la sanidad y de tantos servicios públicos, el crecimiento de las listas de espera (aunque Boi Ruiz mienta al respeto), la reducción de las plantillas, el cierre de servicios nocturnos de urgencias, de quirófanos y plantas enteras de hospitales, y dejar sin ayudas a las personas dependientes. Es el enfrentamiento de los derechos laborales con los de ciudadanía en una estrategia destructora de la convivencia y la salud democrática. Y es, finalmente, la broma de mal gusto del euro por receta que se intenta reivindicar como derecho «propio» de Cataluña para ahogar a las personas enfermas de nuestra casa. No se podía burlar de peor manera del derecho a decidir ni de la soberanía del pueblo catalán.

Y mientras se reducen las prestaciones, el consejero de Salud enseña la patita de su rasgo de clase, queriendo legalizar el fraude de un sistema con doble lista de espera (una lenta y precaria para las clases populares y otra acelerada y diligente para los que se paguen también un seguro privado). Toda esta apuesta decisiva por los intereses privados se tiene que llevar a cabo en la oscuridad, y es más amiga de las cloacas que de los tragaluces.

De aquí el mérito de cafèambllet. Porque hacen falta periodistas e investigadores sin miedo, que nos expliquen cómo penetra la corrupción en este sistema mixto adornado de informes inexistentes y muy muy pagados, fundaciones y agencias y asesorías que confunden sus perfiles, enturbian su transparencia y acaban por conseguir que quien investiga —con pleno derecho— las cuentas públicas de la sanidad catalana reciba todo tipo de presiones para que calle. Como han pretendido hacer con Agustí Colom, el síndico de Cuentas, o como

La corrupción actual se arraiga en la carencia de crédito de lo que es público. (…) Quien no respeta la enseñanza pública, la sanidad pública, las compañías públicas de transportes, electricidad o correos, es difícil que respete el dinero público. (…) Los neoliberales no pretenden acabar del todo con el Estado, porque conocen y experimentan la utilidad que tiene el poder público a la hora de favorecer sus intereses. La manipulación privada de los bienes públicos está en la base de nuestra convivencia con la corrupción. La democracia española se acostumbró desde los ochenta a confundir modernidad con privatización. Siendo el país de Europa que menos invierte en servicios sociales, nuestros políticos parecen siempre muy preocupados en recortar gastos y regalar beneficios…

García Montero habla de la teoría y de España. Marta y Albano supieron traducir y difundir la teoría con un ejemplo catalán —que nadie hasta ahora ha refutado— de mala gestión de los pequeños barones de la sanidad catalana. Y no se lo perdonan.

El maltrato a cafèambllet, a las personas enfermas (y el comportamiento de los caníbales)

A pesar de que en Cataluña y España se destina un porcentaje de fondos públicos por persona a la sanidad de los más bajos de Europa, las diferentes autoridades sanitarias españolas insisten en la falacia de que el «sistema es insostenible» y es necesario administrar los recursos de una manera más eficiente. Es decir, «recortar», que quiere decir, de hecho, privar a las personas de derechos humanos fundamentales. Pero mirad si es fácil desenmascarar sus mentiras: si el sistema de salud se financia con los presupuestos, dependerá del valor que como sociedad demos al mantenimiento de la sanidad pública para hacer suficiente la dotación que el gobierno dedique (al margen de corruptelas y atenciones muy muy retribuidas a empresas del conglomerado químico y farmacéutico). No se puede hablar de déficit «estructural» en un sector financiado por los impuestos, porque lo que desgraciadamente parece estructural —pero se puede erradicar si se sirve al pueblo como único señor— es la corrupción y las privatizaciones que encarecen los servicios, sumando al coste social un beneficio privado. Y, encima, se deja un sector fundamental para el bienestar en manos de los que menos interés tienen (ni profesional ni humano) en la salud de la población. Lo que hemos aprendido con toda la lucha de solidaridad con la gente de cafèambllet, si no lo sabíamos de antes, es que hay que defender la libertad de prensa y expresión tanto como democratizar la salud pública y la atención sanitaria, que una prensa independiente es también un determinante social de salud… y que hay que hacerlo valer con la participación consciente, libre e insurgente de la población, con voz propia, para crear un contra-poder fuerte, real, sólido y argumentado, con propuestas alternativas. Solo así tiene sentido hablar de sociedad civil que en las calles, en los centros de trabajo y en los hospitales, farmacias y centros de atención primaria, dice no a las injusticias y a las leyes injustas.

Todas y todos somos cafèambllet

No siempre ha sido lineal ni llano el desarrollo de los derechos civiles, políticos y económicos, pero, fundamentalmente, cumplían una función mínimamente compensadora de los desequilibrios sociales. Y lo podían hacer, de manera especial, si una prensa libre, de investigación, podía servir de información veraz a la población y de control de los políticos. Ahora ya empieza a estar claro para mucha gente que no solo hay que defender los derechos laborales, que no solo se tiene que hacer frente por los derechos de ciudadanía, sino que la enseñanza libre de supersticiones, la ciencia que investiga para curar y mejorar las condiciones de vida y el periodismo independiente son valores que hay que defender con fuerza porque la complejidad de la embestida de los poderosos nos obliga a saber, a poder pensar con lucidez, y para eso, primero, hay que estar muy informados.

Y aquí vuelve a entrar el ejemplo de los editores de cafèambllet, y la importancia de que, como sociedad, entendamos que, si los vencen a ellos, nos privan a todos nosotros de una herramienta potente para ver claro. Si acallan a Marta y Albano, ganarán una batalla que no se merecen los que fomentan la insolidaridad y las desigualdades. Por eso este texto es también una invitación a que, desde nuestra propia experiencia profesional y ciudadana, recuperemos el concepto de VALOR de lo que es público, de la verdad y de la lucha contra la corrupción y las prepotencias, en defensa propia (que es también la defensa de cafèambllet: una manera de entender el periodismo que nos ayuda a vivir buscando la verdad con valentía). Entre otros motivos, porque con todos los golpes que estamos recibiendo día a día no tenemos demasiado tiempo para reflexionar y darnos cuenta de que quizás estamos repitiendo, de forma bastante torpe, la experiencia de la Argentina de los noventa, y la privatización del NHS de Inglaterra, que ha costado tantas vidas, y el drama-fraude de Grecia más reciente, y la voladura (espero que incontrolada, como lo fue de Islandia) de Portugal. Que nos hace falta prensa libre y valiente para decirnos, cada día, por dónde maniobran los políticos corruptos y descubrirnos las últimas estupideces de esta crisis-estafa que tiene su propia versión en las ciencias sociales y de la salud, y lo desmoronamiento moral y ético de la sociedad… si nos dejamos.

Hace falta que en la escuela, en las calles, en los centros de trabajo, y fuera de ellos, las personas, solas o en grupo, aprendamos a decir que no a las leyes injustas. La Declaración Universal de los Derechos Humanos en su preámbulo proclama que el pueblo tiene el «recurso a la rebelión contra la tiranía y la opresión». Y podríamos añadir que también por su supervivencia, y por la posibilidad de recuperar el ejercicio de la solidaridad que nos dignifica como seres humanos. Y todo esto, hoy, ahora y aquí, con este libro entre las manos, pasa por decir, una vez más, que no callaremos, que Marta y Albano somos todas y todos, y que todas y todos somos cafèambllet.

 


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